Podcast
La amargura de la derrota.
Hoy quiero hablar sobre una tema muy interesanta. La experiencia de cada persona se compone de victorias y derrotas, de altibajos. Tanto las victorias como los fracasos pueden motivarnos a trabajar mejor, más duro, más productivo.
Por supuesto, cuanto más envejecemos, más importantes son los desafíos que tenemos ante nosotros y mayores son nuestras metas. En la escuela se trata de competiciones, evaluaciones y eventos intraescolares. En la universidad se trata de trabajos de investigación y disertaciones, sesiones.
Así sucesivamente, pero en cualquier caso, todo es individual para cada uno, las Olimpiadas no se aplican solo a los escuelas, no intento generalizar. Y hoy quiero hablar precisamente de esta amargura de la derrota desagradable y probablemente no amada por la mayoría. Algunos no lo sienten o quieren creer que no lo sienten, otros, bajo el peso de la derrota, pierden la motivación y el sentido de lo que estaban haciendo.
Por ejemplo, desde pequeño estoy convencido de que soy muy bueno en inglés. No sólo porque yo quería de ser muy buena, sino que mis padres invirtieron muchas finanzas y esfuerzo para que desde los 6 años pudiera asistir regularmente a cursos adicionales. Estos cursos me gustan y me dieron la confianza para hablar inglés en la secundaria frente a mis compañeros e incluso con extranjeros. Me gustaba participar en las olimpíadas y competiciones.
Entonces llegué a el Colegio comunitario y en el primer mes de mis estudios hubo una competencia de idioma inglés. De mi grupo fui el único que llegó a la ronda final junto con un alumno de otro grupo. Éramos dos. El premio principal fueron 2 entradas para una película. Pero no quería ganar para ir al cine, sino por principio. Era necesario redactar un discurso bien escrito de 2 minutos que tuvo que ser compilado en 30 segundos.
Profesor de disciplinas especiales en traducción, eligió su tema favorito: “Haz el amor, no la guerra”.
Sinceramente no entiendo, por qué es necesito hablar de política en tales competiciones, pero, como ya se puede entender por el título del podcast, yo no gané.
Y hasta hoy creo que habría ganado ese concurso si no fuera por este tema, porque hace tiempo que no me siento decepcionado de mí mismo y me parece que es más fácil echarle la culpa a otro.
Desde fuera parece que yo no sé aceptar la derrota. Pero, después de todo, además de esta competencia, naturalmente también perdí en las olimpiadas escolares, competencias de baile y otros eventos similares. Siempre traigo lecciones de mis victorias y derrotas. Sin embargo, todavía estoy seguro de que en ese momento fue el tema el que me impidió abrirme y dar un buen discurso.
A pesar de que muchos tienen su propia reacción tanto ante la Victoria, como ante la derrota, es muy importante comprender que siempre hay que seguir adelante, independientemente del resultado, y esforzarse más. Después de cada largo camino hacia una meta, por pequeña que pueda parecer insignificante, será útil descansar, recuperar fuerzas mentales y físicas, y luego continuar. O tal vez encuentre algo completamente nuevo, algo que quizás aún no haya probado.
Como persona con excelente síndrome de estudiante y maximalismo juvenil, me encanta ganar. Incluso si no me gustaba participar en la competencia a la que me enviaron mis profesores, quería ganar. Sí, siempre habrá gente mejor que yo en algo, y que me haya superado. Aún así, esto no es motivo de gran decepción. La competencia sana siempre ha impulsado y está impulsando el progreso técnico, social y en general cualquier progreso, y también provoca la creación e invención de algo nuevo.
Bueno, al final de mi podcast, me gustaría desearles que ganen tanto como sea posible y que no se enojen demasiado después de los fracasos. ¡Eso es todo por hoy! 5:30
